viernes, 16 de julio de 2021

Antonio Martinez llamas, nos habla de La dama de Arintero

 POR QUÉ ESCRIBÍ UNA NOVELA A PROPÓSITO DE LA DAMA DE ARINTERO.



Yo sabía la leyenda de la dama de Arintero, aunque siempre me pareció que algo faltaba en la increíble historia de aquella muchacha nacida en Arintero. El rumor popular lo ha contado siempre como si fuera una leyenda. Aquello no me convencía.  AsÍ que una tarde visité la aldea de Arintero y algo se movió en mi interior. En medio del silencio de las casas de piedra y las sombras de las montañas, surgió una voz sin palabras. Era como así ella me hablara: <<Sé que serás capaz de escribir una novela sobre lo que ocurrió en la batalla de Toro, también bautizada como Peleagonzalo, el 1 de marzo de 1476. Tus líneas serán mi pensamiento. Cuenta cuanto te iré susurrando al oído. No omitas nada>>. 

No pude negarme. Aquella voz, pronunciada por un espíritu trasparente, era un orden que no acerté a esquivar. Visité la ciudad de Toro; puse mis pies en la llanura de Peleagonzalo. El embrujo debería fructificar en una novela.  Allí, al lado del río Duero estuvo ella luchando como un soldado cualquiera, para cumplir con el honor de su padre, donde todas sus hijas mujeres negaban la cuota de un hombre por hogar a la guerra entre Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, y Alfonso V de Portugal. Juana García, mi confidente, se vistió de hombre y se alistó en las milicias de Benavente.  El honor de su casa salvado. Eso era lo importante. Lo decidió mientras los lobos aullaban entre los neveros. Tenía miedo, pero acertó a vencerlo. Trataría de que nunca se supiera la verdad de su truco. 

Sin embargo, su secreto se desvaneció al lavarse en las aguas casi de nieve del río Duero, una vez que la batalla cayó del lado de Isabel y Fernando. Mientras se quitaba el barro de su cuerpo,  una de sus mamas entró en los ojos sorprendidos de algunos combatientes. ¡Dios Santo!

- ¡Mujer hay en la guerra…! -gritaron. 

El rey Fernando le concedió privilegios para ella y su pueblo. La reina Isabel se los negó porque era una labradora pobre nacida en Arintero. La persiguieron hasta la Cándana de Curueño por orden de la reina: los documentos deberían ser quemados. Hubo refriego. Ella se defendió.


¿Murió? ¿Se salvó? Nadie podrá saberlo, si bien yo defiendo que dándola por muerta,  la sacó de aquel mal destino Forlán Acevedo, otro combatiente en Peleagonzalo.  Juntos huyeron a Arintero.

¿Leyenda? ¿Realidad? No lo sé.  Acaso, no quiero saberlo. Solo soy consciente de que escribí su novela. Ella lo merecía por valiente y por mujer; por labradora y generosa; por desobediente y entregada al destino. 

Espero que desde donde esté, haya quedado congratulada. Yo únicamente le digo algo: no supe hacerlo mejor. La dama de Arintero es ella, Juana García, y es su novela. Para siempre… 

Antonio Martinez Llamas.



1 comentario:

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